
Quizás no sea como me empezaré a describir, quizás me lo esté inventando todo para tener algo sobre lo que escribir, no lo sé, sinceramente. Quizás mi problemas con la comida, mis cortes y mis pensamientos suicidas solo fueran una etapa y mi felicidad y estabilidad, fueran otra. O quizás estas dos supuestas etapas formen una de sola, y siempre tenga que convivir con ella. Quizás mis días en los que no me peso, ni miro lo que como, ni me acuerdo de mis 'antiguos' problemas con el peso y salgo, y me divierto, quizás estos días fueran mi verdadera personalidad. Entera, segura, estable.
O quizás, los días negros, eso en que el espejo me escupe y la báscula no aguanta mi peso, en los que me encierro en mi misma y me siento cómo nadie, quizás estos días fueran mi verdadera personalidad. Inestable, insegura, frágil.
O quizás es sólo cuando empiezo a escribir sobre mí, que todo esto vuelve a mí, en un intento frustrado de analizarme. No tendría que hacerlo. Porque cuando no escribo no pienso, no pienso en los días blancos y en los días negros, no pienso en la inexistencia de lo días grises, ni en mis problemas que pasaron. Por eso, quizás no sea así, quizás sólo fuesen momentos, y los momentos siempre pasan. Quizás sea normal. Me siento normal la mayoría del tiempo. Pero cuando me pongo a escribir ya no me siento normal. Tampoco me siento normal cuando me entra ese miedo a las personas, yo que siempre fui considerada una persona sociable, abierta, atrayente, bonita. Yo, que atraigo a las personas sin darme cuenta, intento huir de ellas. No, en este punto no soy normal. Pero entonces, cuando mi miedo a las personas desaparece y la gente me ve rodeada de personas y empiezo a pensar en mi miedo transitorio a la gente, entonces tampoco pienso que soy normal. Bueno, quizás tendría que preguntarme que es ser normal. ¿Ser cómo todos? Nadie es cómo todos. Nadie. Todo el mundo tiene su lado oscuro, ese que quizás sólo aparece por las noches, mientras intentas dormir, o ese que apareces cuando llevas unas copas de más, o cuando contemplas las estrellas...
A ojos de todos soy normal. Una chica con suerte. Guapa, inteligente, que sabe lo que quiere (eso piensan, yo no sé que quiero) que se hace querer, segura, sonriente. Esa sonrisa con la que todos me definen. 'Siempre con una sonrisa en la boca', así se refieren a mí. O quizás también se refieren a mí por mis ojos. Unos ojos muy grandes, que hasta en los ascensores los desconocidos me dicen de mis ojos, 'será por ojos, y además son preciosos', mis ojos, el espejo de mi alma. Unos ojos enormes, una lama enorme, para perderte dentro de ella, ojos de un color indefinido, verde, marrón y azul, una alma indefinida, confusa, pero unos ojos que enamoran a todos, y mi alma yo que sin saber porqué atrae tanto a la gente.
Esta soy yo, muy confusa, muy liada, eso sí sólo cuando escribo sobre mí, sino ,en la vida real parezco transparente.